Urracas brincan en el sendero donde mis pies han quedado enterrados como los de un maniquí.
Sendero donde vimos deambular el tiempo con tambaleo de borracho, una cosa llega a la otra, sólo es cuestión de tomar alka-seltzers para escuchar el "plop,plop,flitz,flitz" como si te llamaran por alguna clase de nombresillo.
Vuelvo a las urracas ellas simplemente brincan, no son muy funcionales y lo sabemos. Ella no puede volver y se ha ido como el hijo de Pedro Páramo.
Dejo de desvariar y presento el kit de luces, noches de golfito y rock.
El grafito del sendero es algo suave.
Luego se polvean la nariz; ingratos después se quejan de enfermedades. Le hacen llamar polvo de ángel, yo les hago llamar polvos para lavar tinas, sanitarios y mata ratas.
Después decidieron tranquilizarse contemplando su insignificancia comparada con el mundo exterior, ¡Claro!, la luna nos observaba y yo de vouyer tomando cuenta de sus posturas.
Nota: Salí sana, salva e ilesa. El "Capi" me protege (Capi es un perro callejero con aires de leal mascota).
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