¡Manejando!*
Disfruto de esas fases en las que actuó en estado automático, aromático parcial, donde no interfieres con el malestar del día y se convierte en días comunes y corrientes. Me encuentro a unos metros de mi cama y caigo rendida bajo el sopor del sueño para que mi materia gris tome la forma de colorear lo indumentario, y así comienza aquel viaje, manejando hacia el olvido de las realidades, manejando hacia una distancia inmedible en donde los metros se convierten en kilómetros y una cuantas horas en días. En cuestión de segundos, o mejor dicho, en cuestión de un parpadeo un ruido extraño se extravío en lo largo de mi trayecto, y los matices vuelven al blanco-gris de las caricaturas arcaicas, disfruto de desfasar el fundementalismo social y Dios me patea por el culo pero al mismo tiempo me agradece el descaro de confrontar sus inexplicables deseos y sus inexplicables ruidos extraviados. En fin, es una relación de sueño y odio, lo que existe con las masas dogmáticas y las fases del estado automático.


























