Día 44°:
Campanas, tras campaña, la diversión se esconde en una sonrisa de mierda. Luz, tú y bella sonrisa desgraciada, y parábolas se convierten en cánticos de grillos poco ilustres pero muy ortodoxos como la miseria de las campanas, como la misera de las campañas. Y veme aquí bajo presión, tratando de no tomar esa celular digital que remarca tu nombre no una sino 4 veces.
Quiero una copita de tus besos,
no quiero que muera nuestro sol,
lo único que quiero en este mundo
es que te acerques meneandote al son.
Que será de mi si me vuelvo viejo
que será de ti sin alimento
que será de nosotros y nuestro infortunio
que será de todos si no nos quieren juntos.
Quiero una capita de tus sueños,
no quiero un beso si no hay mañanas.
lo único que quiero en este espacio
Estamos en la perfecta dirección y sintonía. BAILEMOS para después cazar nuestras pieles.
Día 41°:
MARICONES...
MARIPOSAS...
MARIGUANOS...
MARIANOS...
MARCIANOS...
ALCORNOQUES...
ALBARICOQUE...
Día 40°:
Yo tenía un viejo caballo blanco que galopaba en las nalgas de mi amada. Ella era un sueño, de largas uñas y muchas pecas, ella amaba ese caballo torpe, de manos ásperas y con presencia de buen tipo.
Salíamos a galopar por las mañanas, nos dejábamos caer al pasto para dormir toda la tarde y hacíamos el amor hasta la madrugada, cenábamos dos pedazos de pan, un vaso de leche fresca y una vela cercana a una ventana nos iluminaba la compañía de algunos bichos.
La luz de la luna alaba de sus cabellos plateados aquel recuerdo del un caballo blanco producto de nuestra ambición, la luna nos contaba historias para dormir y musitar bonitas melodías.
Yo tenía un caballo blanco, mágico que andaba entre los senos de una bella mujer de pintura.
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